El aleph/cubo
26 diciembre 2016

Instalación
Acrílico tallado estilo puntaseca, luz, fotografías, motor, sonido.
Medidas variables (cubo interno 50 cm de lado, cubo externo: 75 cm).
2012

“…vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.” (Borges, Jorge Luis, “El aleph”)

“…Mi cuerpo, de hecho, está siempre en otro lugar. Está ligado a todos los otros lugares del mundo, y, a decir verdad, está en otro lugar que en el mundo, pues es en torno de él que las cosas están dispuestas… El cuerpo es el punto cero del mundo, ahí donde los caminos y los espacios van a cruzarse.“
(Foucault, Michel, “El cuerpo, lugar utópico”)

“Cuando hayáis crecido, niños,/ comprenderéis/ Cuántas lágrimas y cuántos llantos/ Se hallan en este alfabeto.”
(Fragmento traducido del idioma ydish de la canción “Oif’n priperchik”)

Esa esfera de dos o tres centímetros de la que habló Borges en El Aleph en mi caso fue un gran cubo irradiador de luz y de movimiento. Fue distintos tiempos históricos que se envuelven, que se contienen unos a otros; de un presente resultado de la superposición de capas, de una historia no lineal. Que ni avanza ni retrocede, pero que muta. Fotografías intervenidas, acrílicos tallados al estilo de una punta seca, paredes escritas al derecho y al revés, con tiza sobre una habitación toda de negro como un gran pizarrón de escuela.

Pensé también en la película “El espejo“ de Tarkovsky. Pensé en el espejo y sus ecos. La habitación y el objeto como espacio sin tiempo, donde la palabra se mezcla y determina hasta una forma de pensar, y ordena la memoria. Los recuerdos en otro idioma, las canciones que escuchaba de niña que hoy vuelven, que se cuelan en mi presente. Y el símbolo que condensa todos los tiempos y el cuerpo como el punto de arranque, de superposición, de partida.

Esta instalación es consecuencia de mi búsqueda incesante de conformar mi identidad, de comprender los espacios-el espacio-y de mi extraña obsesión con el paso del tiempo.